Descubren un reptil marino de 245 millones de años con el hígado, el estómago y los intestinos intactos
Un fósil hallado en China conserva estómago, hÃgado e intestinos de un reptil marino de hace 245 millones de años y obliga a revisar la evolución de los antepasados de cocodrilos y dinosaurios.

Publicado por
Christian Pérez
Redactor especializado en divulgación cientÃfica e histórica
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Durante décadas, la historia de los grandes reptiles marinos del Triásico parecÃa relativamente bien definida. Ictiosaurios, notosaurios y otros depredadores dominaron los océanos tras la gran extinción del Pérmico, mientras que los antepasados de cocodrilos y dinosaurios permanecÃan ligados principalmente a la tierra firme. Esa separación entre linajes terrestres y marinos era uno de los pilares sobre los que se entendÃa la evolución de los reptiles.

Ahora, un fósil recuperado en la provincia china de Yunnan obliga a replantear ese escenario. El ejemplar pertenece a Austronaga minuta, un pequeño reptil de apenas 60 centÃmetros de longitud que vivió hace unos 245 millones de años, durante el Triásico Medio. Lo extraordinario no es solo el estado de conservación de su esqueleto, prácticamente completo, sino también la preservación de buena parte de sus órganos internos, algo excepcional en el registro fósil.
El estudio, publicado en Science Advances, describe el ejemplar como el primer arcosauromorfo primitivo conocido con adaptaciones inequÃvocas a una vida completamente acuática. Se trata de un descubrimiento que amplÃa el abanico de formas en las que evolucionaron los reptiles poco después de la mayor extinción masiva registrada en la historia de la Tierra.
Un cuerpo diseñado para vivir bajo el agua
A primera vista, Austronaga recuerda más a algunos reptiles marinos clásicos que a un pariente de los futuros cocodrilos o dinosaurios. Su cuello era largo y flexible, la cola ocupaba gran parte del cuerpo y las extremidades delanteras habÃan evolucionado hasta adquirir forma de pala, ideales para controlar la dirección durante el nado.
Las patas traseras, por el contrario, eran sorprendentemente pequeñas. Los investigadores comprobaron que la diferencia entre ambas extremidades es una de las más extremas registradas entre vertebrados marinos conocidos. El húmero supera ampliamente al fémur, una proporción que suele asociarse con animales totalmente adaptados al medio acuático.
El análisis anatómico revela además otro rasgo muy poco habitual. Los dedos de las extremidades presentan hiperfalangia, es decir, contienen más falanges de las esperadas. Esta caracterÃstica aparece en grupos como los ictiosaurios, plesiosaurios o incluso en algunos mamÃferos marinos modernos, pero nunca se habÃa documentado con claridad en un representante tan antiguo del linaje de los arcosauromorfos.
A ello se suma una pelvis profundamente modificada, con una unión muy reducida entre la columna vertebral y la cintura pélvica. Esa configuración habrÃa limitado enormemente su capacidad para desplazarse sobre tierra firme y apunta a un animal que pasaba prácticamente toda su vida en el agua.


Hasta ahora pensábamos que los antepasados de cocodrilos y dinosaurios apenas habÃan explorado el medio marino. Austronaga demuestra que algunos ya habÃan desarrollado adaptaciones tan avanzadas como las de otros grandes reptiles oceánicos.
El fósil conserva un estómago de hace 245 millones de años
La verdadera sorpresa apareció en el interior de la caja torácica.
Entre las costillas podÃan distinguirse varias manchas oscuras cuya distribución no correspondÃa a huesos ni a sedimentos normales. Mediante fotografÃas con luz ultravioleta, microscopÃa electrónica y análisis geoquÃmicos, los investigadores lograron identificar diferentes órganos fosilizados.
La parte delantera del abdomen conserva el estómago con una forma claramente diferenciada. Detrás aparece una estructura atribuida al hÃgado, que aún presenta una tonalidad rojiza asociada a minerales ricos en hierro generados durante la fosilización. Más atrás se distinguen el intestino delgado y el intestino grueso, conservados como una serie de estructuras tubulares.
Según los autores, nunca antes se habÃa documentado un aparato digestivo tan completo en un reptil tan antiguo. La preservación permite observar incluso diferencias quÃmicas entre los distintos órganos gracias a la distribución de elementos como hierro y fósforo detectada durante los análisis microscópicos.
Un sistema digestivo mucho más sencillo de lo esperado
La anatomÃa interna del animal ofrece una ventana excepcional a la evolución de los primeros arcosauromorfos.

A diferencia de aves y cocodrilos actuales, que poseen un estómago dividido en dos cámaras especializadas, Austronaga presentaba un único compartimento. Todo indica que la compleja organización digestiva caracterÃstica de esos grupos apareció bastante después en la evolución.
El intestino también resulta llamativamente simple. Lejos de los largos y plegados tubos digestivos presentes en muchos reptiles posteriores, el fósil muestra un recorrido relativamente recto, compatible con una alimentación basada en carne.
De hecho, dentro del contenido intestinal todavÃa se conservan pequeñas escamas de peces que sobrevivieron al proceso de fosilización. Es una evidencia directa de que este reptil capturaba presas acuáticas, probablemente pequeños peces que abundaban en los mares tropicales del Triásico.
Los investigadores consideran que esta combinación resulta especialmente interesante porque muestra una evolución desigual: mientras el cuerpo experimentó profundas modificaciones para adaptarse a la natación, los órganos digestivos conservaron una organización mucho más primitiva.

Lo más sorprendente es que el hÃgado aún conserva una tonalidad rojiza asociada a minerales ricos en hierro, una evidencia excepcional tras 245 millones de años.
Un nuevo capÃtulo para la recuperación de la vida tras la gran extinción
El ejemplar procede de la Formación Guanling, en la región de Luoping, uno de los yacimientos más importantes del mundo para estudiar la recuperación de los ecosistemas marinos después de la extinción ocurrida hace unos 252 millones de años.

En aquel momento desapareció alrededor del 90 % de las especies marinas. Apenas unos millones de años después comenzaron a surgir ecosistemas completamente nuevos, poblados por reptiles que exploraban formas muy distintas de conquistar el océano.
Austronaga convivÃa con ictiosaurios, notosaurios, peces y numerosos invertebrados en un mar cálido situado cerca del ecuador. Aunque su aspecto recuerda superficialmente al de algunos plesiosaurios posteriores, pertenecÃa a un linaje diferente que evolucionó de manera independiente hacia un estilo de vida similar, un ejemplo clásico de evolución convergente.
El hallazgo demuestra que la experimentación evolutiva durante el Triásico fue mucho más diversa de lo que sugerÃa el registro fósil conocido hasta ahora. También aporta la primera evidencia clara de un representante del linaje que conducirÃa a los arcosaurios plenamente adaptado al medio marino.
Además de ampliar el árbol evolutivo de estos reptiles, el fósil ofrece una oportunidad extraordinaria para estudiar cómo funcionaban los órganos internos de animales que vivieron mucho antes de la aparición de los dinosaurios dominantes del Jurásico y el Cretácico. En un solo ejemplar se combinan un esqueleto casi completo, un aparato digestivo preservado con un detalle excepcional y evidencias directas sobre su alimentación, convirtiéndolo en uno de los descubrimientos paleontológicos más relevantes de los últimos años.